El pequeño pueblo de Araf dormía plácidamente su siesta vespertina. Ni una sola persona caminaba por las calles de tierra y hasta los árboles a los lados de las mismas parecian ser presa de la modorra densa y viscosa que inundaba el ambiente.
Allí, enfrente de una panadería que dormía al igual que todo lo demás, sentada en un banco de hierro fojado adornado con firuletes de formas florales, esperaba una jovencita.
Su cabello era de un castaño muy claro, a diferencia de sus ojos oscuros e inescrutables. Sus labios, delgados y de un rosa cálido, murmuraban suavemente una alegre tonada. No debia tener más de 15 años, y sin embargo su cuerpo denotaba un reciente desarollo, comenzando ya a insinuarse sus femeninas curvas, tímidamente ocultas por las pocas ropas que la niña llevaba encima.
Todos sus abrigos llacian empapados a su lado; La noche de la última tormenta, estando a bordo de un tren del cual no sabia el destino, la muchacha habia llorado ahogadamente asomada por la ventana, dejando que la lluvia acompañase la caída de sus lagrimas y hasta quizás, que las ocultase. Poco después, apenas comenzara la tarde del dia siguiente, el tren habia hecho por fin su primera parada desde que salieran de su pueblo.
Katia, pues así se llamaba la niña, habia espantado por una ventana al negro pájaro por cuya culpa se encontraba en esta situación. Tenía mucha rabia contra ese animal por haberle robado su colgante, guiándola así hacia aquel inoportuno viaje, pero aún así era suficientemente compasiva como para apiadarse de el y comprender que tan solo lo habia hecho por instinto, pues esa era su naturaleza.
Hambrienta, habia vagado luego por el pueblo desierto, esperando la hora en que la gente despertara y volviese a sus ocupaciones diarias. Finalmente, aburrida tras recorrer las monótonas callejuelas, se habia sentado frente a la panaderia, con la esperanza de poder mendigar aunque solo fuera una hogaza de pan.
Araf, al igual que la gran mayoría de los pueblos de Llanfair, estaba ubicado alrededor de una estación de trenes. En este caso, el pequeño poblado consistía en una serie de granjas, cultivos y una reducida sección de las casas de los comerciantes que servían tanto de vivienda, como de despacho para sus productos; los cuales eran, en su gran mayoría, alimentos elaborados. La sencillez de la gente que allí vivía podia denotarse en el cuidado de las calles, las fachadas y los coloridos jardines del lugar.
Una suave brisa agitaba el aire, arrastrando con ella el fuerte aroma de los sembradios y la tierra mojada; un olor agradable, cargado con la fuerza de la vida nueva, junto a la frescura de la reciente tormenta.
Katia interrumpió su tarareo con un fuerte bostezo. La pasividad del lugar comenzaba a hacer efecto sobre ella, invitándola a sumarse a la siesta colectiva. Sin embargo, azuzada por el hambre, decidió quedarse despierta un rato más y trató de entretenerse rehaciendo mentalmente el recorrido que hiciera por el pueblo al bajarse del tren:
"Apenas saliendo de la estación, se encontraba la casa con hamacas; por allí, tomando la calle de la derecha, estaba la tienda de dulces, la merceria y el taller del herrero. A partir de ahí, solo habia granjas. Hacia la izquierda, en cambio, no habia más que campos de cultivo y algunas casas bajas (Katia recordó especialmente aquella en cuyo patio delantero descansaba un pequeño perrito color café y patitas manchadas que le habia caido muy simpático). Luego, adentrandose en la ciudad, todas las viviendas se repartian ordenadamente en espacios regulares, haciendo que todas las calles se parezcan entre sí.
En la cuarta encrucijada desde la estación y un poco hacia la derecha, justo frente a la casa adornada con orquídeas, colgaba el cartel del relojero. Tendría que regresar allí más tarde y pedirle de favor que repare la cadenilla del collar que aquel condenado animal habia roto..."
Katia continuó el recorrido en su memoria, y para cuando recordó el camino que habia tomado hasta la puerta de la panadería, el sueño terminó de vencerla.
Desde una rama cercana, en silencio, el negro pajarillo la observó dormir.
* Bueno, nada, se supone que falta un puntito más, y a partir de ahi empieza la historia de veras. Sin embargo, ya quiero empezar el proyecto, así que les dejo una pregunta cuyo resultado, si bien no creo que se note mucho en el próximo capitulito, ya podría guiar la historia por caminos muy distintos entre sí. Ustedes solo elijan y veremos que sale de todo esto.
Por cierto: Esto no es como los "elije tu propia aventura", donde todo está prearmado. Elijan lo que elijan, lo adaptaré sobre la marcha.
