Para empezar con la idea de mi "proyecto" desde el mismísimo preludio, les pregunto a ustedes a partir de cual de ellos debería ir el primer capitulo.
Gracias por su atención!
Y en ese momento, en algún lugar que a nadie le importa, alguien vio caer desde el cielo un par de figuras entrelazadas. Dos pálidas siluetas, tomadas de las manos como si hubieran tratado desesperadamente de alcanzarse antes de precipitarse en el vacio, que sumidas en un profundo sueño, descendieron cual centella hasta fundirse con el paisaje...
Katia saltó sobre la escalerilla en un último esfuerzo, utilizando lo poco de aliento que le quedaba. El tren ya se habia puesto en marcha, pero el miedo de lo que hubiera podido ocurrirle si fallaba en alcanzar las barandas era mucho menor que la angustia que sentiría de no recuperar su dije. Asustada, abrió rápidamente la portezuela y se dejó caer dentro del vagón, tratando de recuperar sus energias.
El ave tenía que encontrarse allí. Lo habia visto volar por una de las ventanillas, cargando aún su valioso botín. A menos que hubiera escapado por el otro lado, forzosamente tendria que hallarse todavia en este vagón.
De pronto, la niña sintió su estómago revolverse bruscamente. ¡Habia sido tan tonta! ¿Como no habia pensado antes de saltar, en que lo más probable era que el ave hubiera seguido su vuelo, pasando de ventana en ventana a través del tren?
Tratando de tranquilizarse, Katia observó a su alrededor en un intento de reconocer la linea que habia abordado. Si tenia suerte, pronto llegaría a la siguiente ciudad y podria regresar sin más problemas... Pero algo más importante atrajo su mirada.
Saltando distraídamente por el pasillo, se encontraba el negruzco pajarito, pareciendo burlarse de su persecutora. E incluso le dedicó un alegre grajeo al notar ella su presencia.
Katia contuvo su aliento, fija la mirada en el animal. ¡Lo habia alcanzado! Estaba allí, casi al alcance de la mano, llevando aún el dije que le habia robado, con la rota cadenilla plateada enredada entre sus patas.
Temerosa de mover siquiera un músculo, la niña vió avanzar al animal salto a salto, cada vez más cerca, hasta que solo los separaba la distancia de un pulgar. Y de repente, con un estridente chillido, el ave batió sus alas asustado, quizás presintiendo las intenciones de la niña que se hallaba frente a él.
Cuando Katia se quitó las manos de la cara, temerosa, ya no estaba allí el ladrón... Pero entre un revoltijo de plumas, habia abandonado la preciada carga.
