caer desde el cielo un par de figuras entrelazadas. Dos pálidas
siluetas, tomadas de las manos como si hubieran tratado desesperadamente de alcanzarse antes de precipitarse en el vacio, que sumidas en un profundo sueño, descendieron cual centella hasta fundirse con el paisaje...
Con su último esfuerzo, la niña se arrojó sobre la escalinata en el momento en que el tren comenzaba su inapelable marcha. Agotada, abrió la portezuela y se dejó caer dentro del vagón.
Aún entre jadeos y lejos de pensar en descansar, la muchacha observó a su alrededor. El ave tenía que encontrarse allí; lo habia visto volar por una ventana y estaba segura de que no habia salido.
Endemoniado animal, habíase ensañado con ella sin razón aparente, arrebatandole de las manos el collar que con tanto esfuerzo había logrado conseguir...
De pronto, un ruido suave como las primeras gotas de una lluvia que nadie esperaba, se oyó a sus espaldas, haciendola volverse bruscamente.
Detrás de ella, en medio del desierto vagón y posado sobre el respaldo de uno de los tantos asientos, el negro pajarillo se acicalaba plácidamente sujetando aún entre sus patas la dorada cadenilla del valioso colgante.
Katia contuvo su aliento, fija la mirada en el animal. ¡Lo habia alcanzado! Estaba allí, casi al alcance de la mano, y sin embargo, tan facilmente podía volver a escapar...
Despacio, temerosa de hacer cualquier movimiento innecesario, avanzando milímetro a milímetro, la niña fué acortando su distancia sin que el ave pareciese notar su presencia. Con idéntico esmero que el tren, que avanzaba indiferente por la planicie, dejando atrás, muy lejos, la ciudad de la que había partido; Katia recorrió sigilosa, tan lentamente como le era posible, el pasillo despoblado, hasta que por fín tuvo el collar al alcance de su brazo.
Fué en ese momento que el pájaro levantó su mirada, como si hubiera estado esperando a la muchacha, observando de reojo sus tontos esfuerzos por pasar desapercibida; como si la hubiera dejado avanzar hasta ese lugar tan solo para reirse luego, levantando el vuelo justo cuando ella creía haber alcanzado lo que tanto deseaba.
Con un grajido burlón, el negro animal batió sus alas bruscamente y se arrojó hacia la niña, quien a duras penas atinó a cubrirse la cara con las manos mientras gritaba asustada.
Para cuando Katia se atrevió a bajar sus brazos, temerosa, ya no estaba allí el ladrón... Pero entre un revoltijo de plumas, habia dejado olvidada la preciada carga...
* Bueno, hete aquí mi pequeña colaboración al entretenimiento en CLab. De hecho, creo que este es mi primer post... Y es para colaborar... Woo!
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