Simientes oníricas dentro de mi atestada ilusión necrótica de la vida tiñen la juventud de Prometeo sobre esta pación verde. Sin pasión mi jaculatoria ruega sobre el ancestral Morfeo en su ronca espira producto del ensueño global. Penas marchitas lloran los pasados minutos de mi presente, mientras lo dispersos gritos del alma ilustran mi percepción. Sin mas las lecciones de antaño son presentes risueños de mis juveniles profesores ancestrales. Cuando el alma mía tropieza con la complaciente paz oculta tras mis arraigados terrores de infancia, y mi corazón juega una sinopsis de lamento, yo sin aliento remontó mi visión al progreso de mi ser.
Infames incoherentes ávidos de violencia irrumpen mi medita locura, persiguiendo mi cuerpo derruido por el tiempo a través de los enmarañados laberintos del recuerdo. Sollozando en mi rincón real, escondido como bandido de la verdad, tras el pozo de la desesperanza, mientras mis ejecutores con gran precisión privan de la luz mis ojos y del aire mí aliento. Con fingida valentía aniquilo las penumbras para una vez más incorporar mi cuerpo al inmenso mundo de las ficticias realidades y las locuras razonadas, intentando volver a mis castillos oníricos para salvar mi soledad de esta prisión real, sin escape, sin esperanza. Infame de mí, maldigo la suerte la cual privó mi apacible momento, para recordar los lamentos del mundo.
Mi coaccionada libertad muerta bajo los pies de los medios globales extraña la dulce independencia sólo conseguida al ver la oscuridad dentro de mí. Mientras con falsas esperanzas renuevo mis energías para recomenzar una vez más, el ciclo de la realidad tan real, como quién me la dicte. Sólo sé, que añoro el momento en el que, mi paz eterna me alcance, para así, esperar nunca despertar de utopía.
